El Incienso es todo eso y mucho más.
El uso del incienso data de la época bíblica y pudo haberse originado en Egipto, donde las resinas de árboles aromáticos eran importadas de las costas de Arabia y de Somalia para su empleo en las ceremonias religiosas. Los faraones se servían de ellas para neutralizar olores desagradables, para ahuyentar a los demonios y para favorecer la presencia de los dioses.
Los babilonios empleaban el incienso durante sus oraciones y ofrecimientos y durante la adivinación de oráculos. Israel lo importaba en el siglo V a.C. para emplearlo en sus ofrendas religiosas. De allí se expandió a Grecia, Roma y la India, en donde tanto los practicantes del hinduismo como del budismo lo siguen utilizando en sus rituales y festivales. Fue uno de los regalos que los Reyes Magos trajeron de Oriente para ofrecer al niño Jesús.
Fue introducido en Japón en el siglo VI d.C. por monjes budistas, quienes usaban los aromas místicos en sus ritos de purificación; mas el delicado perfume del “Koh” (incienso japonés de alta calidad) se convirtió en una fuente de distracción y entretenimiento entre la nobleza de la corte imperial de la era “Heian” doscientos años más tarde.
Durante el periodo del “Shogunado”, en el siglo XIV, los guerreros samurai perfumaban sus cascos y armaduras con incienso para conseguir una espléndida aura de invencibilidad en sus preparativos para encontrarse con su adversario y su destino. Sin embargo, no fue hasta la era “Muromachi”, en los siglos XV y XVI, cuando la apreciación del elegante arte del incienso se difundió a las clases media y alta de la sociedad japonesa.
Aquello a lo que los japoneses llaman “Koh-Do” o el camino del incienso, ha sido desde hace mucho tiempo el sustento espiritual de la cultura japonesa. Este arte elegante se ha convertido rápidamente en una costumbre popular en todo el mundo entre las personas que buscan la reflexión tranquila y la paz mental. El incienso no sólo crea un estado de tranquilidad y una nueva dimensión en la vida, sino que también contribuye a abrir la conciencia temporal y espiritual.
Los modernos practicantes del arte de la apreciación del incienso lo utilizan para mejorar el ambiente de sus casas y oficinas, para halagar a sus invitados, para celebrar ocasiones especiales, para relajar el cuerpo y calmar la mente después de un duro día y para tranquilizar los nervios antes de acostarse.
Desde el origen de los tiempos el ser humano ha querido, de modo consciente o inconsciente, embellecer su entorno y su apariencia personal mediante la utilización de fragancias agradables. En Japón “Koh” (incienso de buena calidad), no sólo consigue hacerlo de una manera efectiva, sino que, además, tiene el poder de conmover, confortar e inspirar al que lo usa.
Bajo la creencia que los dioses residían en su inmensa mayoría en el cielo o en las alturas. Los hombres intentaban hacerles llegar sus ofrendas, quemándolas con maderas aromáticas y hierbas seleccionadas por personas expertas.
En la evolución del sahumerio se advierte que si bien el sacrificio de animales y humanos por incineración es desechado como forma de ofrenda a los Dioses, queda sin embargo la idea de que el humo aromático es un vinculo de comunicación y por tanto debe de formar parte de los más diversos rituales religiosos. Hace aproximadamente 15.000 años que el Incienso es empleado en forma de sahumerio como tributo a los dioses.
El empleo de aromas sahumerios en magia y veneración, alcanzó su grado máximo en la civilización egipcia. Los sacerdotes egipcios empleaban el perfume en el ritual religioso y en los funerales.
A lo largo de la historia encontramos muchas anotaciones sobre el uso y los componentes de perfumes e inciensos:: En 1800 AC. una tablilla que procede de Babilonia alude a una importación de "Aceite de cedro, mirra y ciprés".
En 1350 AC. los egipcios quemaban mirra al amanecer y al mediodía, y Kyphi al anochecer.
En la Biblia encontramos varias menciones sobre el empleo de sustancias aromáticas:
Juan (12,3): "Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó de olor del perfume".
Hay que recordar también la tan conocida imagen del momento en que el niño Jesús es visitado por los Reyes Magos, quienes llevaron como ofrenda, incienso y mirra. Según se cree, dichas ofrendas eran un símbolo de la realeza, la divinidad y la condición humana-muerte y resurrección- respectivamente.
Por último se puede hacer mención a los textos herbarios de la India clásica, Ayurvedas, donde aparece el uso de sándalo como Incienso.
Todo esto nos permite concluir, que los Inciensos y las esencias aromáticas forman parte de la vida de las personas, desde tiempos inmemoriales independientemente de las creencias religiosas o de las clases sociales de cada momento, por el simple y emocionante hecho de que el humo del mismo eleve nuestras plegarias y nuestros deseos... |